lunedì 17 aprile 2017

La verdad sobre Siria: Testimonios de un reportero desde el corazón del conflicto. Giornalisti veri. Anti Rula, Anti Formigli

Mientras más se acerca el fin de la campaña de Siria y Rusia en Alepo, más los medios occidentales se empeñan en divulgar información desacreditadora, incluso llegando a caer en falsedades. Al menos así lo afirma en entrevista exclusiva a Sputnik, Pedro García Hernández, corresponsal de Prensa Latina quien se encuentra en estos momentos en Alepo.

da mundo.sputniknews.com

Según García (quien es actualmente el único periodista del mundo occidental acreditado permanentemente en Damasco) comparando los informes occidentales con las fuentes que entrevista en el terreno, lo que ha visto con sus propios ojos y lo que ha comprobado en persona, evidentemente existe una manipulación mediática que falsea realidades. Puede llegar, incluso, a niveles como el del ministro de relaciones exteriores francés, quien dijo que el Gobierno sirio iba a masacrar a los insurgentes.



"Esto es totalmente falso. Al contrario, el Gobierno sirio junto con el Centro ruso para la reconciliación, está promoviendo treguas constantes que en muchos casos no están siendo respetadas por los terroristas".

La idea y el objetivo principal de esta campaña mediática es rescatar a los grupos de combatientes más extremistas, que aún mantienen unos dos kilómetros cuadrados del oriente de Alepo, para tratar de preservar incluso a los agentes de inteligencia que tienen infiltrados, pero no hablan de que esos grupos tienen a casi un centenar de soldados sirios secuestrados. "Entonces no quieren dejarse torcer el brazo, porque hay oscuridad en lo que puedan decir", anota. "Ya es un hecho: el mundo occidental está comprometido con los terroristas".


 © REUTERS/ Omar Sanadiki

Ambulancias y autobuses evacuan a personas fuera de las zonas de Alepo controladas por los radicales, 15 de diciembre de 2016
García compartió su experiencia personal en Siria, diciendo que si alguien va a Alepo o Damasco y habla con la gente común de la calle, se dará cuenta de que lo que dicen los medios occidentales es mentira. Más de 100.000 pobladores viven en la parte oeste de Alepo, donde se encuentra el Ejército sirio y se garantiza un mínimo de servicios a pesar de la destrucción y la guerra. Algo que no sucede en la parte este, donde estuvieron los terroristas que han convertido las escuelas y los hospitales en sus cuarteles y almacenes de municiones.
Respecto a las propias municiones, el reportero confirmó que muchas de estas son fabricadas en EEUU y llegan a manos de los terroristas a través de Turquía y Catar. "Está comprobado que hay una empresa Búlgara —miembro de la OTAN— involucrada en eso", aclaró. Hay que darse cuenta que la frontera de Siria con Turquía es de más de 800km y está totalmente abierta.

© Flickr/ U.S. Army Europe
Londres confirma la llegada de tropas británicas a Siria

Hay toda una táctica preparada desde hace muchos años con células dormidas en territorio sirio, con espías y saboteadores que atentan contra cualquier persona, atestigua. O sea, no solo disparan con mortero a unidades militares del Ejército sirio, lo hacen contra barrios civiles donde hay escuelas y niños. Y a esos individuos son a los que defiende occidente, denuncia García.

"Yo radico en Damasco, en un barrio cercano al centro de la ciudad [controlado por las fuerzas gubernamentales]. Es un barrio pacifico, Mezzeh 86, en donde han caído proyectiles de mortero en una escuela, en medio de avenidas donde caminan personas. No son objetivos militares. ¿Qué sentido tiene eso? Lo que quieren es aterrorizar a la población, crear pánico".


  © REUTERS/ Omar Sanadiki
La zona central de Damasco ha vuelto a su vida pacífica, 27 de julio de 2016

Evidentemente, continua García, como Occidente domina un gran porciento de los medios de comunicación y los satélites, bloquean los sistemas de televisión sirios, para evitar que esa información salga de Damasco y llegue a donde tiene que llegar. O sea, que el bloqueo no es solo mediático, es tecnológico. No hay un solo satélite occidental que Siria pueda usar para difundir sus propias ideas. Es la tergiversación de la realidad en beneficio propio.
El periodista recordó además que Rusia respondió a una petición de Bashar Asad, en el marco del convenio de colaboración vigente entre Rusia y Siria aún desde los años de la Unión Soviética. Así que jurídicamente, la ayuda que Rusia presta a Siria es legal y no puede calificarse de intervención. Mientras tanto, la presencia de fuerzas de Turquía, Estados Unidos, Reino Unido y Francia no está respaldada jurídicamente incluso por leyes establecidas por Naciones Unidas. Mientras, el Gobierno sirio con el apoyo de Rusia, ha llevado a cabo negociaciones políticas muy sensatas, con el continuo establecimiento de treguas humanitarias.


© REUTERS/ Omar Sanadiki

Niños sirios evacuados de las zonas de Alepo controladas por los radicales reciben ayuda en el barrio de Jibreen, controlado por el Gobierno, 30 de noviembre de 2016
García además calificó de provocación las declaraciones del Pentágono, sobre la posibilidad de que los terroristas se hayan apoderado de algunos sistemas antiaéreos al tomar Palmira, advirtiendo que esas afirmaciones podrían ser en realidad una preparación informativa para un eventual suministro de estos sistemas a fuerzas radicales.


"Yo estuve en Palmira dos veces. Estuve en marzo, cuando liberaron por primera vez la ciudad. Estuve compartiendo con los soldados sirios y el equipo de desminado ruso. Y no vi ningún medio antiaéreo que permitiera rechazar una agresión directa".
Bandera de Siria en AlepoOccidente ha hecho todo para destruir una nación que vivía bajo una constitución y en donde las personas se trataban con mucha tolerancia, pero que no quería someterse a las imposiciones externas, considera García.                           © REUTERS/ Omar Sanadiki
¡Pillados! Pruebas de la manipulación en medios árabes            y redes sociales sobre la victoria en Alepo
 
"Yo conozco chiíes, sunníes, drusos, alauitas que viven como personas normales. Incluso los palestinos, que tienen los mismos derechos que los sirios. ¿Quién alienta que entre ellos haya tiroteos y se corten las cabezas?"       


© REUTERS/ Omar Sanadiki
Familias evacuadas de las zonas controladas por los radicales en Alepo en campamentos temporales del barrio de Jibreen, controlado por el Gobierno, 30 de noviembre de 2016 

García considera una hipocresía las continuas declaraciones e informes sobre el sufrimiento y las víctimas infantiles, supuestamente provocados por las acciones de la campaña antiterrorista que realizan Rusia y Siria, sobre todo después de las acciones de EEUU y sus aliados en Irak y Libia.
Según consideraciones de García, lejos de la paz y la democracia, lo que han traído es el caos a países como Afganistán, Irak y Libia. Y eso es de total conveniencia para el consorcio militar industrial, que se aprovecha de la situación para vender más armas y municiones. Además, la anfetamina Captagon —una droga prohibida en todo el mundo desde 1986— es distribuida en la región desde Arabia Saudí.
Y nada de esto se menciona en Occidente, ya que lamentablemente, muchos de los 'think tank' —'tanques del pensamiento', como se les dice a los medios o figuras de mayor influencia ideológica— son de origen árabe o paquistaní. El trabajo de inteligencia intenta desvanecer el mundo árabe, que tiene una personalidad propia y nacionalidades muy definidas. Lo hacen porque poseen las mayores reservas de petróleo y este es la garantía del presente y del futuro.


© REUTERS/ Omar Sanadiki
Ciudadanos sirios celebran la victoria sobre los grupos extremistas en Alepo, 12 de diciembre de 2016

Es por todo eso que Rusia, y últimamente China, tienen la obligación de usar su derecho al veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Porque si dejan pasar alguna resolución que establezca una tregua permanente con los radicales o imponga zonas de exclusión aéreas en Siria, sucederá lo mismo que ya pasó en Libia. Lo que hicieron EEUU, Reino Unido y Francia en Libia, fue acabar con el país más próspero de África.
Lea más testimonios en: "La guerra en Siria es contra toda la humanidad"

domenica 16 aprile 2017

No ‘Red Lines’ After Western Backed Terrorists Massacre of Idlib’s Foua Civilians

Eva Bartlett, April 15, 2017 from ingaza.wordpress.com


There are apparently no ‘red lines’ when it comes to the documented terrorism of death squads in Syria, be they the Free Syrian Army (FSA, who committed some of the most heinous massacres of Syrian civilians in 2011, in 2012, in 2013…), Nour al-Din al-Zenki child-beheaders, or Jaysh al-Islam (with their love of caging civilians to use as human shields and firing mortars on civilian areas of Damascus and outskirts).
In the afternoon of April 15, terrorist factions attacked buses carrying civilians from the long-besieged western Syria villages of Kafraya and Foua. Thus far, the death toll is reported to be at least 155 [updated]. Earlier Sputnik reported:
“The number of victims [in the explosion] is at least 70; over 130 are injured. It is difficult to say as there are many burnt bodies and body parts around the damaged buses,” noting that “hit the Rashidin area on Aleppo’s outskirts. The bus was waiting for entering the city of Aleppo.”

“The blast supposedly was caused by a suicide attacker who detonated an explosive device. The car with the attacker approached the buses disguised as a vehicle transporting food.” 


Al Ikhbaria, Syrian tv, has multiple updates on the carnage that was the terrorist attack on these buses carrying civilians, including scenes of the injured civilians in hospital.
“A witness to the massacre told a Syria journalist (shared by journalist Maytham al-Ashkar):

““The ‘rebels’ brought a bus full of crisps. They tried to gather as many kids as possible around the vehicle. Then we heard a really loud explosion. A lot of children were killed, many were injured.”



“Our Blood is Cheap”: Why Foua and Kafraya Don’t Merit Fair Media Coverage:

 
The journalist with U-News who sent by message photos and videos taken of the massacre of civilians asked the anguished rhetorical question one asks in such repeated situations: “Where are the mainstream media? Why don’t they report the barbaric and cowardly terrorist attack on Foua and Kafraya?”
The answer is that the genuine torment these civilians have endured for years will never be fairly reported, it does not serve the agenda of demonizing the leader of Syria and the national army in order to win western public opinion for yet another ‘humanitarian’ intervention which destroys the nation in question and installs chaos in the place of the prior government.
None of the people terrorized by the mercenaries of the NATO/Zionist/Gulf/Turkish alliance over the years will be respected and fairly reported, be they women and children victims of rocket, sniping and mortar terrorism in and around Damascus; Syrian and allied journalists assassinated by the ‘moderates’; civilians of Aleppo for years bombed, sniped and besieged by terrorist factions; or especially liberated civilians from eastern areas of Aleppo whose horrific testimonies directly negate the myth of ‘rebels’, ‘moderates’, or the falsity of Assad as the problem and the Syrian Arab Army as the ‘aggressor’.
As with civilians suicide bombed in Beirut and Homs, Jableh and Tartous, (which I visited in July 2016) the civilians of Foua and Kafraya are rendered by the corporate media either invisible or a sect not worthy of human consideration. Ironically, while Foua and Kafraya may contain a predominate number of Shia muslims, residents of the villages have told me how they intermarried with their neighbouring Sunni Syrians, and shared the celebrations of other faiths’, as is common in secular Syria.
In August 2015, I began to write about the villages, becoming aware of their very serious plight by a friend from Foua and journalists and civilians I came to know from both villages.
“The villages, less than 10 km northeast of Idlib, had already been suffering an over 4 year long siege by al-Nusra and affiliates.
“Until late March, residents—although surrounded by militant factions—still had an access road, thus supplies for their survival. With the militants’ occupation of Idlib at the end of March, the Syrian Arab Army (SAA) had to withdraw forces from bases in the province. Foua and Kafarya became utterly isolated.” (link)
Their being fully besieged and near-daily bombed, and deprivation of critical medicines and essential life needs have been  met with a comparative yawn, an utter silence and disregard of not only the corporate media but also the human rights bodies purporting to care about Syrian civilians.
In January 2016, when overnight media began talking about Madaya (one of the villages from where ‘rebels’ were recently safely evacuated with the full aid and protection of the Syrian government), they also pointedly ignored Foua and Kafraya residents much more dire situation. The theme was starvation in Madaya, blame put on the Syrian government, but as with eastern areas of Aleppo come December 2016, the actual culprits were the terrorist factions hoarding food (and medicines) and holding civilians hostage. [This also occurred in the Old City of Homs, which I visited repeatedly, including one month after the Syrian government enabled safe evacuation to the terrorists who had been occupying the Old City and starving the remaining civilians within.] Little to nothing was said of Foua and Kafraya, besieged and attacked by al-Nusra and cohorts for years prior.
Parts one and two of my initial reports on the villages outline the full, debilitating siege the approximately 20,000 civilians have endured since March 2015 (although the villages were on-off besieged since 2013) and the deliberately sectarian slant MSM reports give if deigning to mention Kafraya and Foua. In contrast, as my Kafraya friend told me:
In that area of Syria there are minorities living together, from about 1,000 years ago. In Kafraya and Foua there are Shia. Before this war, the people of Foua and neighbouring Binnish were very close, they intermarried, celebrated festivals together.
At the time that this all started in Syria, I was home, still a student. We studied at a school in Ma’rat Mesreen, which was a mostly Sunni city—many of them pro-government, by the way—and some Shia. Like with Binnish, our people were friends with those in Ma’rat Mesreen, intermarried with them.
My uncle was working in al-Raqqa, but when the militants took over, he and others went back to Kafraya. The original population of Kafraya was around 10,000. Now, it’s much much more, with IDPs from various areas, like Ma’rat Mesreen, and including many Sunni pro-government Syrians from other villages, but also Shia from surrounding areas.”
Iyad Khuder spoke of the tradition unity of the villages and surrounding area.
People from these two villages have always had good relations with their neighbors—they used to share the Islamic feasts together. No one used to ask about religion, or even to mention the words ‘Sunni, Shia’. But the extremist minority who controlled northern Syria are indoctrinated by Saudi Arabia’s Wahhabi ideology. So, they asked Kafraya and Foua (as a test) to join the ‘revolution’ against the ‘regime’. The people replied, ‘You are free to revolt, it’s your choice. But we also have our choice and we believe it’s a plot targeting the whole country.’ So, the ‘rebels’ consider them targets, have tried to conquer their villages, and have kidnapped many of them.”


DSCN5261

Photo by Eva Bartlett: Gas canister bombs, terrorist-fired by 
Hell Cannons, litter the roads leading to Aleppo. 
Terrorist factions have for years fired these deadly bombs 
on civilian areas of Aleppo and elsewhere in Syria, 
to complicit media silence. Aleppo head of Forensics 
Dr. Zaher Hajo reports 11, 000 civilians dead from such 
terrorist bombings, snipings, missiles, mortars and more.
Completely surrounded by terrorist factions which near-daily bombed the villages with mortars, Hell Cannon-fired gas canister bombs, and snipings of the sort that left 4 and 6 year old boys (deprived by the terrorists’ siege of medical care) on death’s bed, the siege has meant civilians with critical, but treatable, illnesses are not able to get appropriate medical care, and that families are deprived of sustenance, clean water, heating in winter, and the essential needs of life.
MSM Reporting on Terrorists Murder of Civilians: ‘bus hit’:
Some overdue and poignant scathing critiques of #FakeNews corporate media renditions of such massacres.
An article by Lizzie Dearden for the Independent read:
“An car bomb has hit a convoy of buses carrying civilians evacuated from besieged towns in Syria, killing at least 24 people.
The blast hit the Rashidin area on the outskirts of Aleppo, where dozens of buses carrying mostly Shia Muslim families from pro-government villages were waiting to enter the city.
Photos that were too graphic to publish showed a huge fire raging next to bodies scattered on the ground next to charred buses with blown-out windows, including those of children.”
Imagine if the area in question were a terrorist-occupied area. Dearden’s writing would read something like this:
“A regime-dropped barrel bomb has killed a convoy of buses carrying innocent civilians, mostly women and children, evacuated from rebel areas of Syria. The deadly 8.0 magntitude Hiroshima barrel bomb hit Sunni Muslim families from freedom-loving rebel areas…” and so on.
Do note in the reporting of Dearden and other presstitutes the downplaying of actual documented Syrian civilian deaths at the hands of terrorists dubbed ‘rebels’. Do note the sectarian language (rejected by most Syrians). Do note the implication that acts of terrorism on Syrians in government secured areas of the country must be considered as not credible (but physics-defying alleged school-bombings or alleged chemical weapons attacks should be believed).
Regarding the “photos that were too graphic to publish” please explain to the families of these mutilated Syrians that their graphic murders were distasteful to western sensitivity.
Britain’s state-owned BBC, fond of propagating war porn when serving the NATO agenda, headlined rather blandly: “Syria war: Huge bomb kills dozens of evacuees in Syria”.
Were the bombing in question alleged to have been done by the Syrian army, or Russians, you can bet the headline would read something like:
“Murderous Regime Bombs Innocent Civilians in Rebel-held Area Just Days After Worst Chemical Attack in the History of the World”.
Of course, I do not believe for a moment that the allegations of the western-propagated Idlib chemical incident are true, but this is the sort of headline corporate media runs, irrespective of actual evidence, of which they have none regarding Khan Sheikhoun.
Please recall just days after the US-led coalition murdered anywhere between 60 Syrian soldiers (a modest estimate) to over 80 or more, they then deflected by concocting a fake school-bombing and blaming Syria and/or Russia.
The BBC report (when sources on the ground have more recent updates) states:
“A huge car bomb has blasted a convoy of coaches carrying evacuees from besieged government-held towns in Syria, killing at least 39 people.”
The actual names of the towns Foua and Kafraya aren’t mentioned until paragraph 5, after the BBC has ominously warned fears of big bad (‘regime’) “revenge attacks on a convoy of evacuees from rebel-held towns, being moved under a deal,” implying the big bag ‘regime’ cannot be trusted.
About that implication…
Terrorists Transported Safely: Syrian Government Honours Pledge:
Compare how the Syria government and the so-called ‘opposition’ have behaved in two of these exchange deals.
-December 2016: Civilians and terrorists, including al-Qaeda in Syria (Jabhat al-Nusra…and their re-branded incarnation Hay’at Tahrir al-Sham ) were bused safely (from the eastern areas they terrorized) to Idlib. Sick and wounded residents of Foua and Kafraya were meant to be bused out in exchange but terrorists attacked and burned five or six buses, pledging to “ burn anyone who comes to transport them”.

 
“4 months ago “rebels” burned evacuation buses meant for Foua/Kafraya & can be heard saying “We will burn anyone who comes to transport them””



-April 2017: Syrian media, SANA, reported on April 14: “60 buses transport more than 2300 gunmen and some of their families from al-Zabadani and Madaya. The link on SANA’s website contains a video showing numerous moving buses, the Syrian Red Crescent, and civilians presumably families of militants also present in the video.
**
In August 2016, Vanessa Beeley and I met with a number of Foua/Kafraya residents who had been evacuated in a then rather-rare evacuation, December 2015. The horrors they spoke of will never be fairly reported in corporate media.



 

*U-News photos of April 15 terrorist attack on civilian convoy

Share this:

sabato 8 aprile 2017

Non facciamoci arruolare

No all'intervento USA in Siria. I missili di Trump sono terrorismo internazionale
Non essendo bastati i tagliagole dell'Isis e di Al Qaeida arruolati in tutto il mondo ora Trump e Erdogan intervengono direttamente con le loro armi. Le atrocità dello Stato islamico, la cui avanzata i russi hanno fermato, da tempo sono scomparse dalla scena mediatica per ridare fiato alla narrazione sulla ferocia di Assad che giustifica l'intervento contro il diritto internazionale nel territorio di uno stato sovrano.
L'uso dei corpi dei bambini asfissiati dal gas ammucchiati per le foto serve a Trump per legittimare l'aggressione. Non so chi abbia usato il gas, non sono esperto di cose militari e non so districarmi tra gli assassini. So che Assad ha a disposizione l'aviazione russa e sta vincendo sul terreno. Perché fare un autogol del genere? Qualcosa non quadra ma non voglio avventurarmi in congetture. Sul campo operano potenze che certo non sono nuove all'uso del terrore. Certo non sono Trump e Erdogan dei campioni di democrazia dietro le cui insegne marciare. Non sono certo gli integralisti islamici armati dall'occidente e dai suoi alleati sauditi e turchi i combattenti per la libertà. Non facciamoci arruolare. Non beviamoci le balle di chi ha seminato morte e distruzione dall'Iraq alla Libia. Opponiamoci alla guerra senza se e senza ma. Invece di destabilizzare e alimentare una guerra senza fine sosteniamo le forze come i curdi in Turchia e Siria che si battono per pace, giustizia sociale, tolleranza, democrazia. Accogliamo i profughi che fuggono dalla guerra come i nostri padri furono accolti quando fuggivano dalle città bombardate. E' chiarissimo fin dall'inizio che i settori americani più imperialisti e i loro alleati non hanno lavorato per favorire una transizione democratica e una pacificazione ma per rovesciare un regime, dissolvere uno stato sovrano, trasformarlo in un altro 'stato fallito' come son definiti con linguaggio cinico Libia, Somalia, Iraq ecc.
Qualsiasi giudizio sul regime di Assad non giustifica la guerra per procura in atto da anni in Siria.
I missili di Trump non sono al servizio della democrazia e dei diritti umani, l'attacco americano è un atto di terrorismo internazionale. Informazione e politica europee e italiane non si allineino a un presidente americano fascistoide. Riprendiamo il ruolo di pace e mediazione che ci spetta nel Mediterraneo e in Medio Oriente.

Maurizio Acerbo, segretario nazionale Partito della Rifondazione Comunista - Sinistra Europea

martedì 4 aprile 2017

Strane coincidenze


 di Giuseppe Masala

Difficile davvero dare un giudizio sulla intricata situazione politica internazionale, ma alcune deduzioni sono secondo proponibili.
- La Russia da quando è intervenuta in Siria subisce attacchi terroristici terrificanti. Dall'attentato terroristico di ieri a Pietroburgo fino all'assassinio del suo Ambasciatore in Turchia. Passando per attentati a aerei carichi di turisti e all'attentato a Volgograd città simbolo e martire che rappresenta lo spirito russo nella sua essenza.
- In Siria non è la prima volta oggi che viene usato del gas nervino sui civili durante le operazioni militari tra lealisti e ISIS-Al Queda. Ancora non è chiara la dinamica della vicenda odierna che ha visto morire molti civili siriani. Possiamo però dire che le altre volte immediatamente il carrozzone informativo occidentale all'unisono lanciò l'accusa al dittatore sanguinario Assad. In un caso, a settembre 2013 si arrivò ad un pelò dallo lo scontro tra un carrier strike group della marina americana e la Flotta del Mar Nero della Marina Russa scherata a difesa delle coste siriane. La vicenda fu risolta con brillante strategia diplomatica dal degno erede di Gromyko, Sergey Lavrov che face consegnare tutte le armi chimiche dell'esercito siriano agli americani sotto egida ONU per la distruzione e fece firmare ad Assad il trattato contro le armi chimiche. Tempo dopo i giornali americani e inglesi pubblicarono inchieste che dimostravano che l'attacco con armi chimiche in Siria era da attribuire alla responsabilità dei ribelli siriani sostenuti dalla Turchia, finanziati dai despoti dei paesi del golfo e armati da americani e nato (allora guidati dall'amministrazione Obama).
Ora ci risiamo, ieri Trump telefona a Putin per esprimere le condoglianze per l'attentato di Pietroburgo e per concordare azioni comuni contro il terroismo islamico. Puntuale come la malasorte oggi avviene questo attentato che il carrozzone (senza alcuna prova) mediatico occidentale ha attribuito ad Assad. Qualcuno ha interesse affinché non ci sia alcuna alleanza tra gli USA e la Russia in funzione anti terrorismo? Sicuramente si. Non pare azzardato dire che questo accordo è l'ultima cosa che voglioni le petromonarchie dispotiche arabe che finanziano i terroristi (anzi sono terroristi quando di ritorno dalla Syria e dalla Libia colpiscono a Londra o a Parigi, sono ribelli se colpiscono a Pietroburgo o in Syria). Però è difficile trarre conclusioni al momento. Di sicuro possiamo dire che l'attacco con il gas nervino "annulla" la telefonata di Trump a Putin di ieri. Questo è certo. Poi potrebbe essere un caso, ma è una casualità alquanto straordinaria.
Infine una nota di contesto. Trump controlla completamente l'amministrazione USA? Direi di no, e direi che probabilmente c'è chi lavora per boicottare la sua azione politica ed impedire un avvicinamento alla Russia. Diciamo anche che lo scontro tra la fazione neoconservativa del tempo di Bush che poi si è trasformata (ah, il trasformismo non è mica solo cosa italiana) in fazione neoconservativa ma liberal-rosé sui diritti individuali: tutta guerre banditesche all'estero e "lotte" per i bagni dei transessuali in casa. Insomma, la fazione rosé che è nazismo con la divisa rosa e arcobaleno. Questo scontro tra Trump e la fazione rosé (che voleva lo scontro militare con la Russia, se la Clinton vinceva eravamo già in guerra) è senza esclusione di colpi: se i rosé hanno ottenuto le dimissioni del Generale Flynn consigliere per la sicurezza di Trump quest'ultimo ha sferrato un attacco micidiale che ha portato (vedremo come andrà a finire) la consigliera per la sicurezza di Obama Susan Rice ad un milllimetro dalla galera.
Questo è il contesto.

venerdì 31 marzo 2017

Rifondazione addio




“La cosa più terribile è l’ignoranza attiva”. Goethe
Ugo Boghetta
Dopo una lunga militanza, la mia permanenza nel PRC finisce qui. C’è chi mi ha detto che è stato insensato andarsene prima del congresso. È un’obiezione ragionevole ma, prima o poi, bisogna guardare in faccia la realtà. In ogni caso, al massimo sarei arrivato alla prossima, inevitabile “listarella” elettoralistica.
Qusta decisione è stata lunga e sofferta. L’avevo deciso d’impulso al Cpn. Poi mi sono dato tempo: sono passati oltre due mesi. Ma quella sensazione di inutilità di questo congresso e, peggio ancora, di Rifondazione, non mi ha abbandonato.
Del resto, questi anni, dopo il congresso di Perugia, sono stati un continuo tormento, un continuo sforzo per rimanere. Che Rifondazione sia morta l’ho pensato data tempo, come altri che lo pensano ma non lo dicono. Sarebbe stato mecessario un miracolo per provocare una svolta, ma l’approccio al congresso ha dimostrato che Rifondazione è irriformabile.
Le gocce che hanno fatto traboccare il vaso sono molte.
La prima è il documento Ferrero-Fantozzi che omette qualsiasi bilancio del gruppo dirigente uscente. In pochi anni 20/25.000 compagni/e non si sono più tesserati, ma non è un problema!!! Fenomeno che è continuato anche nel 2016: non era mai successo in un anno precongressuale. Nessun bilancio della mezza dozzina di fallimenti dell’unica proposta politica: la sinistra plurale.
La gestione di Ferrero e del suo cerchio è malata di renzismo.
Chi fa così andrebbe preso a calci in culo; invece il 70% del Comitato Politico Nazionale, dei comitati politici federali (il gruppo dirigente largo) lo ha sottoscritto. I culi da prendere a calci sarebbero davvero troppi!
Il documento è così segnato dalla mancanza di una qualsiasi riflessione critica. Lo si vota per un atto di fede, di ignoranza o di stanchezza. Le pricipali motivazioni infatti sono: siamo insufficienti quindio dobbiamo allearci con il resto della sinistra. Prima si indiebolisce il partito, poi si afferma che per la sua debolezza bisogna unirsi con il resto della sinistra. È un comportamento simile a quello dei capitalisti: la cura della crisi è uguale alle cause che l’hanno prodotta! L’altra motivazione è che l’Italia è troppo piccola per uscire dall’Unione. Tutto è un problema di quantità. L’incapacità a costruire una linea politica è palese: è il pensiero che si fa piccolo piccolo. Povero Lenin; e siamo nel centenario!
Il documento, inoltre, sanziona il passaggio da una partito comunista ad uno genericamente di sinistra. La Rifondazione è ufficialmente morta. Il primo a saperlo è Ferrero che cerca di affrettarsi a depositarla data qualche parte prima che si squagli del tutto. Per altro, ha più volte affermato che condivide il 90% dei contenuti con il resto della sinistra. In effetti la cultura largamente maggioritaria nel PRC è il sinistrismo: un impasto di banalità, luoghi comuni, afflati umanitari. Unico impedimento è il simulacro del nome comunista da mantenere per motivi di tenuta interna.
In questo contesto, il comunismo diventa un sentimento, un vago “orizzonte”. Il socialismo del XXI secolo non ha nulla della pregnanza dei movimenti latino-americani: è un belletto. È un’identità debole, quella forte è rappresentata dall’elettoralismo.
Sul piano teorico – la questione dell’abbondanza – sposta defintivamente il PRC nell’economicismo: sviluppo delle forze produttive anziché rapporto fra forze produttive e rapporti sociali di produzione. È l’anticamera del tradimento di qualsiasi ipotesi rivoluzionaria. In merito alla lettura della fase il documento è già vecchio in quanto fa riferimento alla globalizzazione; eppure sono quasi ormai dieci anni che si sta arenando. E non è un caso che non si riesca a fare i conti con Tsipras, Brexit, Trump, Unione e la stessa vittoria dei No al referendum.
Anche l’obiettivo della sinistra plurale è vago perchè questa è sempre più impazzita. La scissione dal PD complica ulteriormente il quadro: l’unità della sinistra è ormai una arma di distrazione di massa. Il problema, infatti, non è se la sinistra deve essere una o plurale, ma che questa sinistra è autoreferenziale, inutile, dannosa: è l’ala sinistra del capitale.
In questo quadro sarebbe stata necessaria una proposta strategica alternativa: vera, complessiva. Senza ci si condanna, soprattutto in una fase di grande turbolenza, alla perpetuazione dell’inefficacia.
Putroppo chi non la pensa così ha deciso di emendare un documento inemendabile. Questo era già stata sperimentato la volta scorsa. Il tatticismo è sempre una rovina.
Una parte del documento 2: Forenza in primis, condivide con Ferrero l’unionismo europeo, la globalizzazione. È espressione del mainstream anarco-negriano. Condivide con Ferrero anche l’unità della sinistra che, però, va fatta dal basso, dai movimenti: Ci mancherebbe!?
In questa melassa scompare il paese in cui viviamo, la nuova fase geopolitica. Non si vedono i nodi vecchi e nuovi: tanto dobbiamo diventare un popolo europeo!?
I nodi politici che condannano il PRC, e non solo, all’irrilevanza sono sempre quelli.
Il primo sta nella necessità di affrontare l’analisi e la lotta a partire dalla propria realtà, dal proprio proletariato, dal proprio paese: base per qualsiasi internazionalismo concreto. Tanto più grave ora che, dopo il 4 dicembre, è emersa la Costituzione come potenziale punto catalizzatore del disagio sociale. Costituzione che necessiterebbe di una battaglia egemonica per strapparla di nuovo dall’oblio e da chi la uccide di nuovo come i D’Alema. L’attuazione della Costituzione comporta però l’uscita dell’Unione, dall’euro, dal liberoscambismo di capitali, merci e persone: un po’ troppo per le anime belle.
Il tema della nazione è uno psicodramma. Abbiamo sostenuto le lotte nazionali di tutto il mondo e di tutti i tempi, ma quella del nostro paese non si può fare!? Così si inventano tutte le fughe lessicali: sovranità popolare (che non significa nulla fuori dalla sovranità nazionale), i popoli (ma quelli veri in genere sono etnie). Parole che però suonano bene alle orecchie delicate della sinistra: sanno di sinistrese. Ovviamente tutti auspicano che l’Unione cambi per un movimento sinergico dei 27 paesi: un’illusione da idioti.
Ovviamente tutti sono per il popolo, i lavoratori ma non si vogliono affrontare temi difficili ma cruciali: la questione sicurezza (reale o presunta che sia), la corruzione, l’immigrazione. Eppure è attraverso questi problemi che gran parte dei lavoratori si sono allontanati dalla sinistra; anzi è la sinistra che si è allontanata da loro. Anche qui non mancano i cortocircuiti. La sicurezza è un tema di destra. La corruzione non basta. Se poi affermi che i giovani emigranti italiani (ora più numerosi degli immigrati) devono poter vivere in Italia è tutto Ok. Se affermi che gli immigrati devono poter rimane nel loro paese: questo è razzismo. Non si riesce a distinguere i migranti (degni di tutto il nostro appaggio) dal fenomeno immigrazione che è un problema da affrontare in termini marxisti: imperialismo, costruzione dell’esercito di riserva, uso politico del fenomeno stesso. Invece della soluzione da perseguire attraverso la lotta democratica e di classe anche nei paesi d’origine, la questione è diventata solo un problema di accoglienza e di coscienza.
Dinnanzi a cambiamenti di fondo, la questione del socialismo dovrebbe essere all’ordine del giorno, invece si rincorre una sinistra obosleta ed interna al sistema! Il nome rimane Rifondazione Comunista ma dentro c’è il vuoto. Come un tempo si diceva del Pci: rossi fuori e bianchi nel cervello.
Come si vede, la linea politica non si costruisce per analisi marxista delle contraddizioni, rapporti di forza, faglie di rottura ma per auspici, desideri, preferenze. È la sinistra benpensante!
Questa, del PRC, è tuttavia un impazzimento che condivide con gran parte della sinistra. E proprio qui sta il punto: le forze organizzate della sinistra in larga parte sono il problema e non la soluzione.
A gran parte del PRC, dei comunisti, della sinistra si potrebbe applicare la famosa definizione di Gramsci della crisi: “… il vecchio muore, il nuovo non nasce”.
Il risultato finale del congreesso è stato il 70% al documento Ferrero, il 30% al documento 2, e, mi dicono, il 7/8% agli emendamenti. Ciò denota un partito bloccato, dove a causa degli abbandoni di massa, il gruppo “dirigente” può continuare a spadroneggiare e a fare anche il magnanimo; ma non ci sarà nussuna dialettica vera.
È questa una situazione che deve interrogare profondamente una parte dei compagni/e che hanno votato il documento 2 e gli emendamenti. Bisogna chiedersi che senso abbia oggi un PRC: apparentmente comunista, politicamente inefficace, organizzativamente al collasso.
Nel percorso congressuale con alcuni compagni si era messa a tema la centralità del riferimento alla grande diaspora comunista e a come riunificarla. Appare definitivamente evidente che non sarà Rifondazione che lo potrà fare; ma si farà finta. Le prossime elezioni porteranno altre sofferenze. La legge elettorale potrebbe comportare anche un’alleanza con D’Alema: non ci sarebbe nulla di illogico.
E non è vero che al di fuori del PRC non c’è nulla.
Certo le difficoltà, le risistenze al cambiamento ci sono ovunque, ma Eurostop e la nascente Confederazione dei gruppi noeuro sono luoghi pubblici di vero confronto e di iniziativa.
Ma, al di là della permanenza o meno nel PRC, si tratta di mettere a tema nuove basi teoriche e politiche dei comunisti senza partito e di quelli i cui partiti vanno molto stretti. E di prospettare una strategia per ritornare ad essere efficaci e popolari.
Ugo

Il gasdotto Tap, il Corriere e una strana idea di democrazia

di Carlo Formenti da Micromega

 Il Corriere del 29 marzo dedica una doppia pagina agli incedenti sulla riviera salentina che hanno visto una dura repressione poliziesca contro alcune centinaia di cittadini (compresi alcuni sindaci dei comuni dell’area) che cercavano di opporsi all’espianto degli ulivi per lasciare posto al cantiere della TAP (Trans Adriatic Pipeline), un gasdotto che dovrebbe portare il gas dalle regioni del mar Caspio al nostro Paese attraverso i Balcani. Non sto a ricostruire tutta la storia del Comitato No Tap e delle lotte che negli ultimi anni hanno contrapposto cittadini salentini, azienda TAP e governo nazionale (da sempre allineato con gli interessi dell’azienda, mentre la Regione Puglia si è schierata con il movimento). A chi volesse approfondire le ragioni (ambientali, economiche e sociali) del No consiglio di visitare il sito del Comitato http://notransadriaticpiperline.blogspot.it. Qui mi limito a commentare il modo in cui il caso viene trattato giornalisticamente.
Cominciamo da un trafiletto firmato dall’ineffabile Pierluigi Battista, dal titolo significativo “Opporsi per ideologia. A che cosa? Poco importa”. Qui vengono riproposte paro paro le tesi che da anni sono utilizzate dai media di regime contro il movimento No Tav: 1) i motivi di opposizione al progetto sono del tutto pretestuosi (mai il minimo accenno ai contributi di scienziati, tecnici ed esperti che, in ambo i casi, dimostrano l’inutilità e la dannosità dei progetti contestati) e servono solo a mascherare l’ideologia dei mestatori antagonisti  che sobillano le popolazioni locali; 2) il progetto contestato è un’opera fondamentale che “porta energia e ricchezza” (leggere cosa pensano e dicono in merito i cittadini interessati); 3) se passasse la logica “nullista” del no generalizzato non avremmo ferrovie, elettricità, case comode, che non sporcano e il cui impatto ambientale “è stato studiato” (soprattutto dagli esperti delle aziende interessate!).
Peccato che tutte queste belle cose nel nostro Meridione non ci siano! Battista dovrebbe farsi un viaggio sulla statale ionica 106 o sulla parallela linea ferroviaria Taranto Reggio Calabria, respirare a pieni polmoni l’aria attorno all’Ilva, o abitare nelle “comode” case della Terra dei fuochi nel Casertano, forse così capirebbe che crescita e sviluppo nel Meridione ridotto a colonia non sono mai arrivati e che qui modernità, sviluppo e tecnologia hanno voluto dire soprattutto devastazione ambientale e degrado sociale e umano. Ma, argomenta Battista, “alla fin fine bisogna arrivare a una conclusione”, e una volta che questa conclusione “democraticamente decisa” è arrivata, ora va rispettata. Democratica come le decisioni di una Ue che risponde solo alle lobby industriali e finanziarie e non ai cittadini europei, o di uno stato italiano che di quelle istituzioni oligarchiche si è fatto mero e servile esecutore? Ma la democrazia non dovrebbe misurarsi e dialogare con la libera volontà e con gli interessi delle comunità che subiscono gli effetti delle scelte che le riguardano?
E l’opposizione della Regione? Il ministro dell’Ambiente e della tutela del territorio e del mare, (!?) Gian Luca Galletti, ha le idee chiarissime in proposito: “Ritengo di appartenere a una vecchia scuola di pensiero, secondo la quale un governatore regionale dovrebbe stare in ogni caso (sottolineatura mia) dalla parte dello Stato, pur facendosi carico delle rimostranze dei suoi cittadini”. Effettivamente la sua scuola di pensiero è assai vecchia: risale alle convinzioni degli elitisti del primo Novecento che ritenevano sbagliato consentire ai cittadini di avere voce in capitolo su argomenti “che non possono capire”, ed erano convinti che il ruolo dei funzionari di stato e degli amministratori locali fosse quello di obbedire tacendo ai comandi delle élite di governo.
Infine vediamo convocato – nel taglio basso di una delle due pagine – Guido Vitale, finanziere e membro del cda del Fai (Fondo ambiente italiano). Una curiosa commistione di ruoli rispetto alla quale è lecito dubitare che il cuore lo induca a privilegiare il primo. E infatti liquida con un’alzata di spalle gli argomenti degli ambientalisti e ribadisce (vedi sopra) che “su questioni di interesse nazionale le amministrazioni locali non devono avere poteri di veto”. Del resto, spiega l’intervistatore, Vitale, piemontese ma pugliese di adozione, conosce bene i problemi della regione visto che “ogni anno apre le porte della sua sontuosa dimora in valle d’Itria a imprenditori e banchieri”…

giovedì 30 marzo 2017

Perché la Brexit è la scelta migliore per il Regno Unito: una prospettiva di sinistra

Alan Johnson spiega sul New York Times perché la sinistra dovrebbe rallegrarsi della Brexit. L’abbandono dell’Unione Europea non è un’occasione per isolarsi dal mondo, bensì la decisione necessaria per rifiutare l’ideologia liberista di cui l’UE è impregnata. Gli inglesi hanno rifiutato il modello UE, fondato sulla subordinazione delle istituzioni democratiche e del benessere delle persone al capriccio delle élite e allo sfruttamento delle classi subalterne da parte di chi ne ha i mezzi. L’unico ambiente adatto per ripristinare la socialdemocrazia sono gli stati-nazione, in cui dovrà essere ridefinito il popolo – demos – non tanto in contrapposizione alle altre nazionalità, ma in contrapposizione alle élite neoliberiste predatrici.

di Alan Johnson da Vocidallestero


Londra — Mercoledì  il Primo Ministro del Regno Unito, Theresa May, manderà una lettera al Presidente del Consiglio Europeo, Donald Tusk, per informarlo che, dopo 44 anni di appartenenza, il Regno Unito lascerà l’Unione Europea. Tra circa due anni, al termine delle negoziazioni sui termini dell’uscita, l’Unione perderà in un solo colpo “un ottavo della sua popolazione, un sesto del PIL, metà dell’arsenale militare e un seggio al Consiglio di Sicurezza delle Nazioni Unite”, come ha fatto notare recentemente Susan Watkins, editrice della New Left Review.
La Watkins è una “Lexiteer”, ossia una sostenitrice di sinistra della “Brexit”, come me. Non siamo stati una forza significativa tra il 52% dei britannici che hanno votato a favore dell’uscita nel referendum del 23 giugno. Ma abbiamo avuto una certa influenza. I Lexiteers – un contrappeso a coloro che cavalcavano le paure anti-immigrazione come l’ex leader di destra dell’UKIP, Nigel Farage – sostengono la Brexit da un punto di vista democratico, internazionalista e di sinistra. Questa posizione è stata espressa perfettamente da Perry Anderson, l’ex editore di vecchia data della New Left Review:  “L’UE è ormai largamente vista per quello che è diventata: una struttura oligarchica, piena di corruzione, costruita sulla negazione di ogni tipo di sovranità popolare, sull’applicazione di un duro regime economico di privilegi per pochi e sacrifici per molti”.
Nonostante i Lexiteer non abbiano alcuna simpatia per il nichilismo nazionale degli “uomini di Davos”, ossia l’élite globalista, non siamo degli xenofobi. Abbiamo votato “Leave” perché crediamo che si essenziale preservare le due cose a cui crediamo di più: un sistema politico democratico e una società social-democratica. Temiamo che il progetto autoritario dell’Unione Europea di integrazione neoliberista sia il terreno di cultura dell’estrema destra. Sottraendo al processo democratico così tante decisioni politiche, inclusa l’imposizione di misure di austerità a lungo termine e di immigrazione di massa, l’unione ha rotto il patto tra i politici nazionali mainstream e i loro elettori. Questa situazione ha aperto le porte ai populisti di destra che ritengono di rappresentare “il popolo”, già arrabbiato a causa dell’austerità, contro gli immigrati.
È stato l’economista liberista Friedrich Hayek, l’architetto intellettuale del neoliberalismo, che nel 1939 invocava un “federalismo interstatale” in Europa per evitare che gli elettori potessero utilizzare la democrazia per interferire con le operazioni del libero mercato. In altre parole, come ha detto il Presidente della Commissione Europea (l’organo esecutivo dell’unione), Jean-Claude Juncker:  “Non ci possono essere decisioni democratiche che si oppongono ai Trattati Europei”.
Le istituzioni e i trattati dell’unione sono stati progettati di conseguenza. La Commissione Europea viene nominata, non eletta, ed è orgogliosamente libera da ogni responsabilità nei confronti degli elettori. “Non cambiamo le nostre decisioni a seconda di come vanno le elezioni ” così il vice presidente della Commissione Jyrki Katainen ha commentato la vittoria del partito anti-austerità Syriza, in Grecia, nel 2015.
Il Parlamento Europeo non è un vero Parlamento. Non ha vero potere legislativo; i suoi delegati non elaborano programmi politici  né portano avanti idee che propongono agli elettori. Le elezioni, tenute in collegi elettorali assurdamente estesi, con affluenze pietosamente basse, non cambiano nulla. Come ha detto un membro dello staff parlamentare a un Seminario per la Ricerca Europea alla London School of Economics: “Le uniche persone che ascoltano i Parlamentari Europei sono gli interpreti”.
Il Consiglio Europeo, un organo intergovernativo dove risiede il vero potere legislativo, specialmente se pensiamo alla tedesca Angela Merkel, è formato dai Capi di Stato dei vari Stati membri, che normalmente si incontrano quattro volte all’anno. Non sono eletti direttamente dagli abitanti delle Nazioni che governano. Se poi parliamo del principio di “sussidiarietà” dell’Unione, una presunta preferenza per il governo decentrato, esso viene ignorato in tutte le questioni pratiche.
I desideri dell’elettorato vengono regolarmente ignorati. Quando, nel 2005, la proposta di una Costituzione Europea è stata rigettata dagli elettori di Francia e Olanda (la maggior parte dei Governi non ha nemmeno permesso che avvenisse un voto popolare), questo fatto non ha cambiato niente per i sostenitori del Progetto Europeo. Con qualche cambiamento cosmetico, la Costituzione è stata comunque imposta; solo che è stata ridenominata Trattato di Lisbona (l’Irlanda, unico stato a consentire un referendum sul Trattato, votò contro. Di conseguenza fu chiesto agli irlandesi di rivotare, finché non avessero votato nella maniera giusta. Questa è la democrazia secondo l’Unione Europea).
A prescindere da cosa avrebbe potuto essere l’Unione, sin dagli anni ’80 essa ha integrato nel suo progetto l’economia neoliberista Nel farlo, si è trasformata in quello che il sociologo tedesco Wolfgang Streeck ha definitoun potente motore di liberalizzazione a servizio di una profonda ristrutturazione della vita sociale in senso prettamente economicista”. La combinazione di mercato unico, Trattato di Maastricht, moneta unica e Patto di Stabilità e Crescita ha imposto politiche di deregolamentazione, privatizzazione, regole contro il lavoro, regimi di tassazione regressivi, tagli al welfare e finanziarizzazione, e le hanno poste al di sopra della volontà dei popoli.
Occorre notare che gli strumenti economici Keynesiani, su cui poggia la socialdemocrazia, sono ora illegali in Europa, e perfino The Economist ne è nauseato, e ha scritto che queste regole “sembrano molto poco raccomandabili politicamente”. Per quanto riguarda l’accordo di scambio tra Unione Europea e USA, il TTIP, sembra di vedere le fantasie di Hayek prendere vita, dato che potenzialmente esso consente alle multinazionali di far causa ai governi democraticamente eletti se questi osano ascoltare quanto gli chiedono di fare gli elettori.
Un’altra istituzione chiave dell’unione neoliberale è la Banca Centrale Europea. I governatori della banca, persone non elette e che non devono rispondere a nessuno del proprio operato, sono vincolate per trattato a preferire la deflazione alla crescita, a proibire gli aiuti di stato alle industrie in difficoltà e a imporre le misure di austerità. Analogamente, la moneta unica agisce da cappio per intere regioni europee, che non possono né svalutare la propria moneta (come possono fare le nazioni sovrane) per recuperare competitività, né uscire dalla stagnazione attraverso la crescita, perché sono costrette tramite austerità a far crollare la propria economia.
Il costo umano è stato spaventoso. La tortura economica a cui l’Unione Europea ha sottoposto la Grecia ha causato il taglio del 25% degli stanziamenti per gli ospedali e del 50% della spesa in medicine, mentre il tasso di infezioni da HIV si è impennato, i casi di depressione grave sono raddoppiati, i tentativi di suicidio sono aumentati di un terzo e il numero dei bambini nati morti è aumentato del 21%. Quattro bambini greci su dieci sono stati spinti nella povertà e un sondaggio ha stimato che il 54% dei Greci oggi è sottoalimentato. Philippe Lagrain, un ex consulente di Manuel Barroso, allora Presidente della Commissione Europea, ha osservato che in quanto “creditore europeo per eccellenza” la Germania ha “calpestato valori come democrazia e sovranità nazionale e creato uno stato vassallo”.
In casi estremi, i governi nazionali vengono di fatto allontanati a forza e rimpiazzati con tecnocrati compiacenti, come George Papandreou in Grecia e Silvio Berlusconi in Italia hanno potuto constatare. In cima a tutto poi c’è la Corte Europea di Giustizia, che ha emesso sentenze che subordinano il diritto di sciopero dei lavoratori al diritto dei datori di lavoro di fare affari con le mani libere. Hayek sorriderebbe nel vedere cose come questa.
Anche se lo slogan del “Leave” è stato oggetto di scherno, la Brexit ha davvero significato la possibilità di “riprendere il controllo”. La Democrazia ha bisogno di un demos, un popolo, che sia l’origine, il tramite e l’obiettivo del suo Governo. Senza un demos, quello che rimane è una gestione elitaria, il diritto dei trattati e la redistribuzione verso l’alto della ricchezza. Ma come sarà costruito “il popolo”? La politica lo deciderà. Un populismo di sinistra non cercherà di definire il popolo come fa la destra, in contrapposizione con gli immigrati o altre categorie, ma in contrapposizione alle potenti élite neoliberiste, che non sono più in grado, usando le parole del Professor Streeck, “di formare una struttura sociale intorno al nucleo centrale della corsa al profitto capitalista.”
È stato un errore colossale da parte della gente di Davos di sinistra, pensare che gli Stati-nazione siano un anacronismo ostile alla democrazia. Anziché essere una minaccia alla democrazia, gli Stati-nazione sono l’unico fondamento stabile che abbiamo individuato per sostenere gli impegni, i sacrifici e la fiducia sociale di cui una democrazia e uno stato sociale hanno bisogno.
In questo momento, la sinistra europea sta giocando le sue carte seguendo il manuale di un’altra parte politica, in una competizione truccata. Una parte della Nazione, i vincitori, hanno “usato il mondo globalizzato come fosse il loro grande campo da gioco” come dice il professor Streeck. Uno, o forse l’unico, significato della Brexit è che, avendo perso la fiducia nelle sciocche promesse di una globalizzazione “che vada bene per tutti”, la rimanente parte della nazione – i perdenti, le vittime e gli esclusi – hanno deciso, per disperazione, di fare un gesto sovrano: cambiare le regole per ritornare alla politica degli Stati-nazione, per poter ritornare a una situazione equilibrata. “Cercano rifugio”, per usare le parole di Streeck, nella “protezione democratica, nelle leggi del popolo, nell’autonomia locale , nei beni collettivi e nelle tradizioni egualitarie”.
Anziché lasciare il campo alle destre “nativiste”, alcuni di noi della sinistra democratica si uniscono a loro.

How French “Intellectuals” Ruined the West: Postmodernism and Its Impact, Explained

by Helen Pluckrose from areomagazine 


Postmodernism presents a threat not only to liberal democracy but to modernity itself. That may sound like a bold or even hyperbolic claim, but the reality is that the cluster of ideas and values at the root of postmodernism have broken the bounds of academia and gained great cultural power in western society. The irrational and identitarian “symptoms” of postmodernism are easily recognizable and much criticized, but the ethos underlying them is not well understood. This is partly because postmodernists rarely explain themselves clearly and partly because of the inherent contradictions and inconsistencies of a way of thought which denies a stable reality or reliable knowledge to exist. However, there are consistent ideas at the root of postmodernism and understanding them is essential if we intend to counter them. They underlie the problems we see today in Social Justice Activism, undermine the credibility of the Left and threaten to return us to an irrational and tribal “pre-modern” culture.
Postmodernism, most simply, is an artistic and philosophical movement which began in France in the 1960s and produced bewildering art and even more bewildering  “theory.” It drew on avant-garde and surrealist art and earlier philosophical ideas, particularly those of Nietzsche and Heidegger, for its anti-realism and rejection of the concept of the unified and coherent individual. It reacted against the liberal humanism of the modernist artistic and intellectual movements, which its proponents saw as naïvely universalizing a western, middle-class and male experience.
It rejected philosophy which valued ethics, reason and clarity with the same accusation. Structuralism, a movement which (often over-confidently) attempted to analyze human culture and psychology according to consistent structures of relationships, came under attack. Marxism, with its understanding of society through class and economic structures was regarded as equally rigid and simplistic. Above all, postmodernists attacked science and its goal of attaining objective knowledge about a reality which exists independently of human perceptions which they saw as merely another form of constructed ideology dominated by bourgeois, western assumptions. Decidedly left-wing, postmodernism had both a nihilistic and a revolutionary ethos which resonated with a post-war, post-empire zeitgeist in the West. As postmodernism continued to develop and diversify, its initially stronger nihilistic deconstructive phase became secondary (but still fundamental) to its revolutionary “identity politics” phase.
It has been a matter of contention whether postmodernism is a reaction against modernity. The modern era is the period of history which saw Renaissance Humanism, the Enlightenment, the Scientific Revolution and the development of liberal values and human rights; the period when Western societies gradually came to value reason and science over faith and superstition as routes to knowledge, and developed a concept of the person as an individual member of the human race deserving of rights and freedoms rather than as part of various collectives subject to rigid hierarchical roles in society.
The Encyclopaedia Britannica says postmodernism “is largely a reaction against the philosophical assumptions and values of the modern period of Western (specifically European) history” whilst the Stanford Encyclopaedia of Philosophy denies this and says “Rather, its differences lie within modernity itself, and postmodernism is a continuation of modern thinking in another mode.” I’d suggest the difference lies in whether we see modernity in terms of what was produced or what was destroyed. If we see the essence of modernity as the development of science and reason as well as humanism and universal liberalism, postmodernists are opposed to it. If we see modernity as the tearing down of structures of power including feudalism, the Church, patriarchy, and Empire, postmodernists are attempting to continue it, but their targets are now science, reason, humanism and liberalism. Consequently, the roots of postmodernism are inherently political and revolutionary, albeit in a destructive or, as they would term it, deconstructive way.
The term “postmodern” was coined by Jean-François Lyotard in his 1979 book, The Postmodern Condition. He defined the postmodern condition as “an incredulity towards metanarratives.” A metanarrative is a wide-ranging and cohesive explanation for large phenomena. Religions and other totalizing ideologies are metanarratives in their attempts to explain the meaning of life or all of society’s ills. Lyotard advocated replacing these with “mininarratives” to get at smaller and more personal “truths.” He addressed Christianity and Marxism in this way but also science.
In his view, “there is a strict interlinkage between the kind of language called science and the kind called ethics and politics” (p8). By tying science and the knowledge it produces to government and power he rejects its claim to objectivity.  Lyotard describes this incredulous postmodern condition as a general one, and argues that from the end of the 19th century, “an internal erosion of the legitimacy principle of knowledge” began to cause a change in the status of knowledge (p39). By the 1960s, the resulting “doubt” and “demoralization” of scientists had made “an impact on the central problem of legitimization” (p8). No number of scientists telling him they are not demoralized nor any more doubtful than befits the practitioners of a method whose results are always provisional and whose hypotheses are never “proven” could sway him from this.
We see in Lyotard an explicit epistemic relativity (belief in personal or culturally specific truths or facts) and the advocacy of privileging  “lived experience” over empirical evidence. We see too the promotion of a version of pluralism which privileges the views of minority groups over the general consensus of scientists or liberal democratic ethics which are presented as authoritarian and dogmatic. This is consistent in postmodern thought.
19860415_Lyotard_8263_35.jpg
Jean-François Lyotard
Michel Foucault’s work is also centered on language and relativism although he applied this to history and culture. He called this approach “archeology” because he saw himself as “uncovering” aspects of historical culture through recorded discourses (speech which promotes or assumes a particular view). For Foucault, discourses control what can be “known” and in different periods and places, different systems of institutional power control discourses. Therefore, knowledge is a direct product of power. “In any given culture and at any given moment, there is always only one ‘episteme’ that defines the conditions of possibility of all knowledge, whether expressed in theory or silently invested in a practice.”[1]
Furthermore, people themselves were culturally constructed. “The individual, with his identity and characteristics, is the product of a relation of power exercised over bodies, multiplicities, movements, desires, forces.”[2]  He leaves almost no room for individual agency or autonomy. As Christopher Butler says, Foucault “relies on beliefs about the inherent evil of the individual’s class position, or professional position, seen as ‘discourse’, regardless of the morality of his or her individual conduct.”[3] He presents medieval feudalism and modern liberal democracy as equally oppressive, and advocates criticizing and attacking institutions to unmask the “political violence that has always exercised itself obscurely through them.” [4]
We see in Foucault the most extreme expression of cultural relativity read through structures of power in which shared humanity and individuality are almost entirely absent. Instead, people are constructed by their position in relation to dominant cultural ideas either as oppressors or oppressed. Judith Butler drew on Foucault for her foundational role in queer theory focusing on the culturally constructed nature of gender, as did Edward Said in his similar role in post-colonialism and “Orientalism” and Kimberlé Crenshaw in her development of “intersectionality” and advocacy of identity politics. We see too the equation of language with violence and coercion and the equation of reason and universal liberalism with oppression.
It was Jacques Derrida who introduced the concept of “deconstruction,” and he too argued for cultural constructivism and cultural and personal relativity. He focused even more explicitly on language. Derrida’s best-known pronouncement “There is no outside-text” relates to his rejection of the idea that words refer to anything straightforwardly. Rather, “there are only contexts without any center of absolute anchoring.” [5]
Therefore the author of a text is not the authority on its meaning. The reader or listener makes their own equally valid meaning and every text “engenders infinitely new contexts in an absolutely nonsaturable fashion.” Derrida coined the term différance which he derived from the verb “differer” which means both “to defer” and “to differ.” This was to indicate that not only is meaning never final but it is constructed by differences, specifically by oppositions. The word “young” only makes sense in its relationship with the word “old” and he argued, following Saussure, that meaning is constructed by the conflict of these elemental oppositions which, to him, always form a positive and negative. “Man” is positive and ‘woman’ negative. “Occident” is positive and “Orient” negative. He insisted that “We are not dealing with the peaceful co-existence of a vis-a-vis, but rather with a violent hierarchy. One of the two terms governs the other (axiologically, logically, etc.), or has the upper hand. To deconstruct the opposition, first of all, is to overturn the hierarchy at a given moment.”[6] Deconstruction, therefore, involves inverting these perceived hierarchies, making “woman” and “Orient” positive and “man” and “Occident” negative. This is to be done ironically to reveal the culturally constructed and arbitrary nature of these perceived oppositions in unequal conflict.
We see in Derrida further relativity, both cultural and epistemic, and further justification for identity politics. There is an explicit denial that differences can be other than oppositional and therefore a rejection of Enlightenment liberalism’s values of overcoming differences and focusing on universal human rights and individual freedom and empowerment. We see here the basis of “ironic misandry” and the mantra “reverse racism isn’t real” and the idea that identity dictates what can be understood. We see too a rejection of the need for clarity in speech and argument and to understand the other’s point of view and avoid minterpretation. The intention of the speaker is irrelevant. What matters is the impact of speech. This, along with Foucauldian ideas, underlies the current belief in the deeply damaging nature of “microaggressions” and misuse of terminology related to gender, race or sexuality.
دريدا5.jpg
Jacques Derrida
Lyotard, Foucault, and Derrida are just three of the “founding fathers” of postmodernism but their ideas share common themes with other influential “theorists” and were taken up by later postmodernists who applied them to an increasingly diverse range of disciplines within the social sciences and humanities. We’ve seen that this includes an intense sensitivity to language on the level of the word and a feeling that what the speaker means is less important than how it is received, no matter how radical the interpretation. Shared humanity and individuality are essentially illusions and people are propagators or victims of discourses depending on their social position; a position which is dependent on identity far more than their individual engagement with society. Morality is culturally relative, as is reality itself. Empirical evidence is suspect and so are any culturally dominant ideas including science, reason, and universal liberalism. These are Enlightenment values which are naïve, totalizing and oppressive, and there is a moral necessity to smash them. Far more important is the lived experience, narratives and beliefs of “marginalized” groups all of which are equally “true” but must now be privileged over Enlightenment values to reverse an oppressive, unjust and entirely arbitrary social construction of reality, morality and knowledge.
The desire to “smash” the status quo, challenge widely held values and institutions and champion the marginalized is absolutely liberal in ethos. Opposing it is resolutely conservative. This is the historical reality, but we are at a unique point in history where the status quo is fairly consistently liberal, with a liberalism that upholds the values of freedom, equal rights and opportunities for everyone regardless of gender, race and sexuality. The result is confusion in which life-long liberals wishing to conserve this kind of liberal status quo find themselves considered conservative and those wishing to avoid conservatism at all costs find themselves defending irrationalism and illiberalism. Whilst the first postmodernists mostly challenged discourse with discourse, the activists motivated by their ideas are becoming more authoritarian and following those ideas to their logical conclusion. Freedom of speech is under threat because speech is now dangerous. So dangerous that people considering themselves liberal can now justify responding to it with violence. The need to argue a case persuasively using reasoned argument is now often replaced with references to identity and pure rage.
Despite all the evidence that racism, sexism, homophobia, transphobia and xenophobia are at an all-time low in Western societies, Leftist academics and SocJus activists display a fatalistic pessimism, enabled by postmodern interpretative “reading” practices which valorize confirmation bias. The authoritarian power of the postmodern academics and activists seems to be invisible to them whilst being apparent to everyone else. As Andrew Sullivan says of intersectionality:
“It posits a classic orthodoxy through which all of human experience is explained — and through which all speech must be filtered. … Like the Puritanism once familiar in New England, intersectionality controls language and the very terms of discourse.” [7]
Postmodernism has become a Lyotardian metanarrative, a Foucauldian system of discursive power, and a Derridean oppressive hierarchy.
The logical problem of self-referentiality has been pointed out to postmodernists by philosophers fairly constantly but it is one they have yet to address convincingly. As Christopher Butler points out, “the plausibility of Lyotard’s claim for the decline of metanarratives in the late 20th century ultimately depends upon an appeal to the cultural condition of an intellectual minority.” In other words, Lyotard’s claim comes directly from the discourses surrounding him in his bourgeois academic bubble and is, in fact, a metanarrative towards which he is not remotely incredulous. Equally, Foucault’s argument that knowledge is historically contingent must itself be historically contingent, and one wonders why Derrida bothered to explain the infinite malleability of texts at such length if I could read his entire body of work and claim it to be a story about bunny rabbits with the same degree of authority.
This is, of course, not the only criticism commonly made of postmodernism. The most glaring problem of epistemic cultural relativity has been addressed by philosophers and scientists. The philosopher, David Detmer, in Challenging Postmodernism, says
“Consider this example, provided by Erazim Kohak, ‘When I try, unsuccessfully, to squeeze a tennis ball into a wine bottle, I need not try several wine bottles and several tennis balls before, using Mill’s canons of induction, I arrive inductively at the hypothesis that tennis balls do not fit into wine bottles’… We are now in a position to turn the tables on [postmodernist claims of cultural relativity] and ask, ‘If I judge that tennis balls do not fit into wine bottles, can you show precisely how it is that my gender, historical and spatial location, class, ethnicity, etc., undermine the objectivity of this judgement?” [8]
However, he has not found postmodernists committed to explaining their reasoning and describes a bewildering conversation with postmodern philosopher, Laurie Calhoun,
“When I had occasion to ask her whether or not it was a fact that giraffes are taller than ants, she replied that it was not a fact, but rather an article of religious faith in our culture.”
Physicists Alan Sokal and Jean Bricmont address the same problem from the perspective of science in Fashionable Nonsense: Postmodern Intellectuals’ Abuse of Science:
“Who could now seriously deny the ‘grand narrative’ of evolution, except someone in the grip of a far less plausible master narrative such as Creationism? And who would wish to deny the truth of basic physics? The answer was, ‘some postmodernists.’”
and
“There is something very odd indeed in the belief that in looking, say, for causal laws or a unified theory, or in asking whether atoms really do obey the laws of quantum mechanics, the activities of scientists are somehow inherently ‘bourgeois’ or ‘Eurocentric’ or ‘masculinist’, or even ‘militarist.'”
How much of a threat is postmodernism to science? There are certainly some external attacks. In the recent protests against a talk given by Charles Murray at Middlebury, the protesters chanted, as one,
“Science has always been used to legitimize racism, sexism, classism, transphobia, ableism, and homophobia, all veiled as rational and fact, and supported by the government and state. In this world today, there is little that is true ‘fact.'”[9]
When the organizers of the March for Science tweeted:
“colonization, racism, immigration, native rights, sexism, ableism, queer-, trans-, intersex-phobia, & econ justice are scientific issues,”[10] many scientists immediately criticized this politicization of science and derailment of the focus on preservation of science to intersectional ideology. In South Africa, the #ScienceMustFall and #DecolonizeScience progressive student movement announced that science was only one way of knowing that people had been taught to accept. They suggested witchcraft as one alternative. [11]
Screen Shot 2017-03-27 at 9.57.46 AM.png
Photo by Drew Hayes
Despite this, science as a methodology is not going anywhere. It cannot be “adapted” to include epistemic relativity and “alternative ways of knowing.” It can, however, lose public confidence and thereby, state funding, and this is a threat not to be underestimated. Also, at a time in which world rulers doubt climate change, parents believe false claims that vaccines cause autism and people turn to homeopaths and naturopaths for solutions to serious medical conditions, it is dangerous to the degree of an existential threat to further damage people’s confidence in the empirical sciences.
The social sciences and humanities, however, are in danger of changing out of all recognition. Some disciplines within the social sciences already have. Cultural anthropology, sociology, cultural studies and gender studies, for example, have succumbed almost entirely not only to moral relativity but epistemic relativity. English (literature) too, in my experience, is teaching a thoroughly postmodern orthodoxy. Philosophy, as we have seen, is divided. So is history.
Empirical historians are often criticized by the postmodernists among us for claiming to know what really happened in the past. Christopher Butler recalls Diane Purkiss’ accusation that Keith Thomas was enabling a myth that grounded men’s historical identity in “the powerlessness and speechlessness of women” when he provided evidence that accused witches were usually powerless beggar women. Presumably, he should have claimed, against the evidence, that they were wealthy women or better still, men. As Butler says,
“It seems as though Thomas’s empirical claims here have simply run foul of Purkiss’s rival organizing principle for historical narrative – that it should be used to support contemporary notions of female empowerment” (p36)
I encountered the same problem when trying to write about race and gender at the turn of the seventeenth century. I’d argued that Shakespeare’s audience’s would not have found Desdemona’s attraction to Black Othello, who was Christian and a soldier for Venice, so difficult to understand because prejudice against skin color did not become prevalent until a little later in the seventeenth century when the Atlantic Slave Trade gained steam, and that religious and national differences were far more profound before that. I was told this was problematic by an eminent professor and asked how Black communities in contemporary America would feel about my claim. If today’s African Americans felt badly about it, it was implied, it either could not have been true in the seventeenth century or it is morally wrong to mention it. As Christopher Butler says,
“Postmodernist thought sees the culture as containing a number of perpetually competing stories, whose effectiveness depends not so much on an appeal to an independent standard of judgement, as upon their appeal to the communities in which they circulate.”
I fear for the future of the humanities.
The dangers of postmodernism are not limited to pockets of society which center around academia and Social Justice, however. Relativist ideas, sensitivity to language and focus on identity over humanity or individuality have gained dominance in wider society. It is much easier to say what you feel than rigorously examine the evidence. The freedom to “interpret” reality according to one’s own values feeds into the very human tendency towards confirmation bias and motivated reasoning.
It has become commonplace to note that the far-Right is now using identity politics and epistemic relativism in a very similar way to the postmodern-Left. Of course, elements of the far-Right have always been divisive on the grounds of race, gender and sexuality and prone to irrational and anti-science views but postmodernism has produced a culture more widely receptive to this. Kenan Malik describes this shift,
“When I suggested earlier that the idea of ‘alternative facts’ draws upon ‘a set of concepts that in recent decades have been used by radicals’, I was not suggesting that Kellyanne Conway, or Steve Bannon, still less Donald Trump, have been reading up on Foucault or Baudrillard… It is rather that sections of academia and of the left have in recent decades helped create a culture in which relativized views of facts and knowledge seem untroubling, and hence made it easier for the reactionary right not just to re-appropriate but also to promote reactionary ideas.”[12]
This “set of concepts” threaten to take us back to a time before the Enlightenment, when “reason” was regarded as not only inferior to faith but as a sin. James K. A. Smith, Reformed theologian and professor of philosophy, has been quick to see the advantages for Christianity and regards postmodernism as “a fresh wind of the Spirit sent to revitalize the dry bones of the church” (p18). In Who’s Afraid of Postmodernism?: Taking Derrida, Lyotard, and Foucault to Church, he says,
“A thoughtful engagement with postmodernism will encourage us to look backward. We will see that much that goes under the banner of postmodern philosophy has one eye on ancient and medieval sources and constitutes a significant recovery of premodern ways of knowing, being, and doing.” (p25)
and
“Postmodernism can be a catalyst for the church to reclaim its faith not as a system of truth dictated by a neutral reason but rather as a story that requires ‘eyes to see and ears to hear’ (p125)
We on the Left should be very afraid of what “our side” has produced. Of course, not every problem in society today is the fault of postmodern thinking, and it is not helpful to suggest that it is. The rise of populism and nationalism in the US and across Europe are also due to a strong existing far-Right and the fear of Islamism produced by the refugee crisis. Taking a rigidly “anti-SJW” stance and blaming everything on this element of the Left is itself rife with motivated reasoning and confirmation bias. The Left is not responsible for the far-Right or the religious-Right or secular nationalism, but it is responsible for not engaging with reasonable concerns reasonably and thereby making itself harder for reasonable people to support. It is responsible for its own fragmentation, purity demands and divisiveness which make even the far-Right appear comparatively coherent and cohesive.
In order to regain credibility, the Left needs to recover a strong, coherent and reasonable liberalism. To do this, we need to out-discourse the postmodern-Left. We need to meet their oppositions, divisions and hierarchies with universal principles of freedom, equality and justice. There must be a consistency of liberal principles in opposition to all attempts to evaluate or limit people by race, gender or sexuality. We must address concerns about immigration, globalism and authoritarian identity politics currently empowering the far- Right rather than calling people who express them “racist,” “sexist” or “homophobic” and accusing them of wanting to commit verbal violence. We can do this whilst continuing to oppose authoritarian factions of the Right who genuinely are racist, sexist and homophobic, but can now hide behind a façade of reasonable opposition to the postmodern-Left.
Our current crisis is not one of Left versus Right but of consistency, reason, humility and universal liberalism versus inconsistency, irrationalism, zealous certainty and tribal authoritarianism. The future of freedom, equality and justice looks equally bleak whether the postmodern Left or the post-truth Right wins this current war. Those of us who value liberal democracy and the fruits of the Enlightenment and Scientific Revolution and modernity itself must provide a better option.
—————————
Helen Pluckrose is a researcher in the humanities who focuses on late medieval/early modern religious writing for and about women. She is critical of postmodernism and cultural constructivism which she sees as currently dominating the humanities. You can connect with her on Twitter @HPluckrose
—————————
Notes
[1] The Order of Things: An Archaeology of the Human Sciences (2011) Routledge. p183
[2] ‘About the Beginning of the Hermeneutics of the Self: Two Lectures at Dartmouth.’ Political Theory, 21, 198-227
[3] Postmodernism: A Very Short Introduction. (2002) Oxford University Press. p49
[4] The Chomsky – Foucault Debate: On Human Nature (2006) The New Press. P41
[5] http://hydra.humanities.uci.edu/derrida/sec.html
[6] Positions. (1981) University of Chicago Press p41
[7] http://hotair.com/archives/2017/03/10/is-intersectionality-a-religion/
[8] Challenging Postmodernism: Philosophy and the Politics of Truth (2003) Prometheus Press. p 26.
[9] In Sullivan http://hotair.com/archives/2017/03/10/is-intersectionality-a-religion/
[10]  http://dailycaller.com/2017/01/30/anti-trump-march-for-science-maintains-that-racism-ableism-and-native-rights-are-scientific-issues/#ixzz4bPD4TA1o
[11] http://blogs.spectator.co.uk/2016/10/science-must-fall-time-decolonise-science/
[12] https://kenanmalik.wordpress.com/2017/02/05/not-post-truth-as-too-many-truths/